martes, 9 de febrero de 2010

EL INICIO DE UNA NUEVA VIDA

EL INICIO DE UNA NUEVA VIDA. No, hoy no es domingo, hoy es jueves. Los jardines en esta época del año en aquel pequeño pueblito, se encuentran cubiertos de flores; abundan las azaleas y las camelias; también hay arrayanes y otras plantas que Leonardo no conoce. Otra vez encontramos a Leonardo en el interior de un templo. Esta vez fue acompañado por una de sus primas. El lugar es muy pequeño, hay solamente tres bancas y la concurrencia es de siete u ocho personas. Entre esas personas se encuentra un varón llamado Pedro. Fue él quien obsequió a la tía de Leonardo, el Nuevo testamento que éste leyó. Pedro es campesino, y la tarde que Leonardo lo conoció, regresaba del trabajo; colgando del hombro traía un morral en donde transporta su comida, además de su Biblia. En esa primera entrevista Pedro invitó a Leonardo a asistir al templo. Nuestro joven amigo aceptó con gusto la invitación, pues sentía en su interior un gran deseo de saber más de aquellas cosas que había leído en aquel libro de pastas rojas que encontró en una canasta en la casa de su tía. Ahora ya se encuentra en el interior de este pequeño templo. Pedro es quien dirige a la congregación en unos cantos. “Yo tengo un amigo que me ama”, “Sólo Dios hace al hombre feliz”, “Una linda canción”, “Por mi murió el Salvador” y “Si del pecado anhelas el perdón”, fueron algunos de los cantos que en esa ocasión escuchó Leonardo. Después de cantar y hacer oración, Pedro cedió el lugar a un varón llamado Ophir, quien leyó en la Biblia acerca de un joven que recibió de su padre la parte de la herencia que le tocaba, la cual malgastó viviendo una vida licenciosa en una provincia lejana en donde hubo una gran escasez de alimentos; situación que llevó a este joven descarriado a padecer hambre, al grado tal que aun deseaba comer alimento para cerdos pero nadie se lo daba. Al verse en tales condiciones, el joven de la historia contada por Ophir se acordó que en la casa de su padre había muchos alimentos y decidió regresar allá. Cuando regresó a casa, su padre lo estaba esperando; cuando lo vio llegar por el camino, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó y ordenó a sus criados que lo vistieran con la mejor ropa, que mataran el becerro mas gordo y que hicieran una fiesta, porque el hijo que hoy tenía en sus brazos, ya lo consideraba muerto. Ophir concluyó su historia diciendo que el hombre lejos de Dios siempre experimentará una gran necesidad pero que Dios está dispuesto a recibirlo y a perdonarlo siempre y cuando éste esté dispuesto a volver. (Mas tarde Leonardo comprendió que el predicador le estaba hablando directamente a él, a fin de que se volviera a Dios).

Después del culto, todos los asistentes fueron invitados a pasar a una pequeña vivienda al lado del templo; los de la casa sirvieron café y una rebanada de pan a cada uno de los asistentes. Bebiendo su café en silencio, Leonardo se dedicó a observar a aquella gente: charlaban, reían y se veían felices. A nuestro amigo le sorprendió que no necesitaran bebidas embriagantes para estar alegres. Nuestro amigo asistió dos o tres veces más a esas reuniones cristianas, antes de regresar a la polvorienta ciudad en donde residía y en donde meses atrás por primera vez tuvo un encuentro con la Biblia, a la cual rechazó. Ya estaba nuevamente ahí, en esa ciudad cuyas calles lo vieron pasar de la adolescencia a la juventud; calles en donde habían edificado nuevas casas, pero que después de todo era la misma ciudad. La ciudad era la misma, pero Leonardo ya no era el mismo; desde que leyó el Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo, algo cambió en su interior. Dejó de blasfemar a Dios, dejó de aborrecer a quienes le hablaban de Dios, dejó de embriagarse, dejó de odiar a los demás, dejó de odiarse a si mismo; ahora sentía que amaba a Dios y su confianza en El iba creciendo cada día; empezó a escuchar predicaciones del evangelio en la radio y a asistir a una iglesia. Algunos meses mas tarde fue bautizado en la fe evangélica. Hoy en día, Leonardo vive en la misma ciudad en donde aun pueden encontrarse calles polvorientas, en donde aun se pueden encontrar jóvenes desorientados, solos, tristes y acomplejados; a algunos de ellos, pues no todos aceptan, nuestro amigo les obsequia, nuevos testamentos, evangelios o literatura cristiana con la esperanza de que al leer la Palabra de Dios, reciban por la fe en Cristo un nacimiento espiritual y puedan librarse de la misma manera que él, de muchas aflicciones que se padecen estando alejados de Dios. Leonardo recuerda a algunos de sus amigos, que por ignorar las advertencias de la Palabra de Dios, siguieron su vida de vicio y perversión y terminaron sus días antes de tiempo, o terminaron en la cárcel o en alguna institución para enfermos mentales. Algunas veces, Leonardo comenta con sus amigos: “Si hubiera entendido que Dios me estaba llamando a tener comunión con El cuando aquel domingo puso la Bíblia en mis manos y la hubiera leído y puesto en práctica sus enseñanzas y si en lugar de burlarme y salir rápidamente de aquel templo en donde me estuve burlando, hubiera aceptado a Jesucristo como mi salvador, con toda seguridad no habría tenido el accidente en donde perdí la mano” La historia que has terminado de leer es verídica solo cambiamos el nombre del personaje principal para que nadie se sienta aludido. Estoy seguro que esta misma historia se repite muchas veces en varias partes del mundo, ya que en todas partes, sin importar lengua, raza, color, nivel académico o posición social, se encuentran hombres y mujeres que dicen “no hay Dios”, y rechazan una y otra vez el llamado que Dios les hace para volverse a Él, y sufren daños morales, físicos y espirituales debido a su testarudez. Si acaso alguien ha puesto una Biblia en tus manos, no es casualidad, es Dios quien te esta llamando de esa manera y quiere que la leas para que conozcas el grande amor que Él tiene por ti. Si alguien te ha hecho una invitación a algún templo para escuchar la Palabra de Dios, tampoco es casualidad, es Él quien te llama a escuchar todo lo que ha hecho, hace y quiere hacer por ti; o si acaso sientes en tu corazón el deseo de saber mas de Dios, no te detengas, escucha el clamor de tu propio corazón y busca pronto a tu Creador. Ya no niegues a Dios, no por negarlo dejará de existir; acepta su llamado. Dios te quiere perdonar, quiere recibirte como su hijo, quiere tener comunión contigo, quiere que tengas paz y gozo en tu corazón, quiere que entres a su reino celestial. No te niegues la oportunidad de ser realmente feliz. Con Dios ya no necesitarás drogas ni alcohol para ser feliz. Toda actitud o conducta negativa apartará de ti, a fin de que puedas experimentar una vida plena de gozo y paz. Dios te bendiga por leerme. Reflexiona seriamente en lo que te digo; no tienes nada que perder y si mucho que ganar. Dios te bendiga. Te amo en Cristo.

TERCERA LLAMADA

Tercera llamada. Casi puedo asegurar que en esta ocasión también era domingo. Un domingo de cualquier mes, de cualquier año; en cualquier pueblo de cualquier ciudad, de cualquier país de este planeta. Leonardo está solo en aquella vivienda; ya no está en la mina en la montaña; ahora se encuentra en un pueblo diferente; aquí hay muchos jardines cubiertos de plantas llenas de flores; los habitantes del lugar se dedican a la producción y venta de plantas de ornato. Este día sus familiares han ido a la ciudad a comprar víveres; nuestro amigo se entretiene contemplando unas vacas y unos borregos que mordisquean la grama en un pastizal que se encuentra frente a la vivienda. Hastiado de mirar aquel espectáculo, se introduce a la vivienda. De pronto ha sentido una necesidad de leer algo; ya dijimos antes que nuestro amigo, desde niño ha sido muy aficionado a la lectura. Empieza a buscar por toda aquella vivienda algo que leer; encuentra historietas, fotonovelas, libros que los niños utilizan en la escuela, pero ya todo lo ha leído. No se da por vencido y sigue buscando. En una cesta encuentra un libro con portada roja que está seguro que no ha visto antes. Lo levanta, lo mira, lo abre y lee el titulo: “EL NUEVO TESTAMENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO”. Una mueca de disgusto se dibuja en su rostro. Como ya hemos dicho, detesta todo aquello que huela a religión, y para él, al menos en este momento de su vida, Jesucristo es un mito. Coloca el libro nuevamente dentro de la cesta; sale de la vivienda, y sigue mirando a las vacas y borregos comer pasto.Pasan algunos días y nuevamente vuelve a sentir una gran necesidad de leer; va y toma aquel libro que aun se encuentra dentro de la cesta. Lo toma. Lo abre en el primer capítulo del Evangelio según San Mateo y empieza a leer: “Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Solamente lee hasta el versículo 17 y dice para sus adentros: “¡Uf! Esto está bien aburrido”, y vuelve a dejar el libro en la canasta.Algunos días después vuelve a experimentar unas ansias tremendas por leer; va otra vez a la canasta, toma aquel libro, lo abre, y con resignación, dice: “¡Bueno, aunque sea esto voy a leer!”.En muy poco tiempo lee los cuatro evangelios, el libro de Hechos de los Apóstoles y las tres primeras cartas de San Pablo. No está acostumbrado a este tipo de lectura, por lo que en un momento de la lectura, exclama: “¡No le entiendo nada!”, pero a pesar de no entender nada, sigue leyendo:“Y MANIFIESTAS SON LAS OBRAS DE LA CARNE,QUE SON: ADULTERIO, FORNICACIÓN,INMUNDICIA, DISOLUCION, IDOLATRIA,HECHICERÍAS, ENEMISTADES, PLEITOS,CELOS, IRAS, CONTIENDAS, DISENSIONES,HEREJÍAS, ENVIDIAS, HOMICIDIOS,BORRACHERAS, BANQUETEOS, Y COSASSEMEJANTES A ESTAS: DE LAS CUALESOS DENUNCIO, COMO YO OS HE ANUNCIADO,QUE LOS QUE HACEN TALES COSAS,NO HEREDARÁN EL REINO DE DIOS”.Gálatas 5:19-21. Esto sacudió a Leonardo. La palabra BORRACHERAS se agigantó ante sus ojos y sus pensamientos se remontaron varias semanas atrás, hasta el día en que sufrió el accidente en la mina. Recordó que él y Juan estaban muy borrachos (el Juan que mencionamos aquí no es el mismo que acompañó a Leonardo al templo). De algún lugar, Juan sacó un cartucho de dinamita y lo encendió. Al ver su acción, Leonardo le urgió: “¡Tira eso, nos vas a matar!”; acto seguido tomó el cartucho de la mano de su amigo; Dobló la mano hacia atrás para arrojarlo pero en ese instante el cartucho explotó, destrozando completamente su mano derecha. Las aves que ya se encontraban durmiendo en las copas de los árboles, salieron volando en todas direcciones. El eco se extendió por la cañada. El ambiente se llenó de olor a pólvora y sangre. Leonardo fue llevado al hospital, aun recuerda aquella noche: los médicos solamente lavaron, desinfectaron y suturaron la herida, ya no fue posible hacer otra cosa; y como la anestesia no le hizo efecto, cada vez que clavaban la aguja en la carne, nuestro amigo sufría los mas terribles dolores que jamás había experimentado. Esa misma noche, en el cuarto en que se encontraba, internaron a otro paciente; éste había recibido un fuerte golpe en la cabeza y había quedado afectado temporalmente de sus facultades mentales y hablaba incoherencias, mencionaba algunos nombres y a gritos pedía su pulque. Esa noche, Leonardo no pudo dormir; cada rato entraba la enfermera a aplicarle medicamento, además le preocupaba que aquel paciente “loco”, se soltara de sus amarras (pues lo habían amarrado a la cama), y fuera a golpearlo. Además, no habría podido dormir, el dolor era insoportable. Recordó que, era tanto el dolor que sentía que en su desesperación gritó: “¡Dios, si existes, quítame este dolor!” Aquí detuvo sus recuerdos y clavó nuevamente la mirada en aquellos versículos del Nuevo Testamento que acababa de leer. Se veía reflejado en esa Escritura. Muchas de los actos que se mencionaban en esos versículos, él los había realizado. Esa Escritura lo había tocado y nuevamente su mente se llenó de recuerdos. Recordó en cuantas situaciones desagradables había estado por causa de su alcoholismo. Recordó las maldades que había hecho a otras personas: había mentido, había golpeado, había tomado lo que no le pertenecía, había sido desleal con los que lo estimaban, había mostrado desprecio por su propia vida y por la vida de los demás…Cerró aquel libro rojo, y estuvo toda la tarde reflexionando en la vida que había llevado hasta entonces, y pensando en las palabras que había leído en ese libro. Algo había cambiado en su interior, se sentía inquieto por lo que había leído. Después de la cena señalando el libro, preguntó: “Tía, ¿Quién le regaló este libro? Le dieron la información que pedía y se fue a dormir. Esta fue la tercera vez que este jóven descreído tuvo contacto con la Palabra de Dios, y esta tercera vez, algo cambió en su corazón.

SEGUNDA LLAMADA

Segunda llamada………. Era un domingo, de cualquier semana, de cualquier mes, de cualquier año; en cualquier pueblo, de cualquier país de este planeta. Leonardo y “Juanillo” corren montaña abajo, por entre el sendero rodeado de árboles, que llega hasta el pueblo. Arriba en la montaña está la mina de fosforita, en donde trabajan los dos jóvenes; ellos trabajan en el taller mecánico. Leonardo ha sido invitado por “Mina”, una muchacha del pueblo, a una reunión en el templo y quiere llegar temprano. Pronto llegan al templo evangélico del pueblo; aun se encuentra cerrado; les informan que la reunión inicia a las once de la mañana y apenas son las nueve. Los dos jóvenes llegan hasta una tienda cercana y ahí empiezan a beber cerveza. Cuando a las once llegan a la reunión ya se encuentran bajo los efectos del alcohol. Leonardo, al darse cuenta que era una reunión religiosa quiso salirse del lugar pero “Juanillo” lo convenció de que se quedara. En el recinto, se encuentran reunidas unas veinte o treinta personas; hay adultos, jóvenes y niños; cantan un himno guiados por un hombre que frente a ellos toca un violín. Leonardo está ebrio, y mientras la congregación canta: “La gloria de Jehová descendió en el sinaí, y aquel monte temblaba porque Dios estaba ahí. Mi Dios estaba ahí, mi Dios estaba ahí, y aquel monte temblaba, porque Dios estaba ahí”, en son de burla Leonardo repetía: “Pero yo no lo vi, pero yo no lo vi”. Después de cantar varios himnos, el pastor tomó una Biblia y empezó a predicar. Durante toda la reunión, Leonardo no dejó de burlarse. Cuando el pastor terminó de predicar, hizo un llamado para que los que quisieran aceptar a Cristo como Señor pasaran al frente. Leonardo aprovechó ese instante para escabullirse de ahí, y se fue a seguir bebiendo.Y una vez más, un domingo de cualquier mes, en un pueblo de cualquier país de este planeta, un hombre rechazó la segunda oportunidad que Dios le dio para reconciliarse con Él.

PRIMERA LLAMADA

ES DOMINGO. UN DOMINGO DE CUALQUIER SEMANA, DE CUALQUIER MES, DE CUALQUIER AÑO, EN CUALQUIER CIUDAD DE ESTE PLANETA.....
LEONARDO ESTA EN LA SALA; ENCIMA DE LA MESITA ESTA UN LIBRO; LO TOMA ENTRE SUS MANOS; LEE EL TITULO SOBRE LA PORTADA: SANTA BIBLIA. NO RECUERDA HABER OIDO HABLAR ALGUNA VEZ DE ESTE LIBRO; LO ABRE A LA MITAD EN CUALQUIER PAGINA; MIRA QUE ESTÁ ESCRITO A DOS COLUMNAS; SIN LEER NADA Y TAN PRONTO COMO LO ABRE LO VUELVE A CERRAR. LO COLOCA DEBAJO DE SU BRAZO Y BUSCA LA PUERTA DE SALIDA DE LA CASA. MUY PRONTO SE ENCUENTRA EN LA CALLE POLVOSA DE AQUELLA INCIPIENTE CIUDAD. CON LA BIBLIA BAJO EL BRAZO RECORRE DOS CALLES HACIA EL SUR Y LUEGO DOBLA HACIA LA DERECHA, SOBRE UNA ANCHA AVENIDA,TAMBIEN POLVOSA. RECORRE UNAS VEINTE CALLES Y DA VUELTA A LA IZQUIERDA. AHI ESTÁ LA OFICINA DE CORREOS Y A UN LADO HAY UN ESTABLECIMIENTO DONDE VENDEN COMIDA Y CERVEZA. SIN DUDARLO, LEONARDO SE INTRODUCE AL LOCAL; COLOCA LA BIBLIA SOBRE UNA MESA, JALA UNA SILLA Y SE SIENTA. PIDE UNA CERVEZA Y EMPIEZA A BEBERLA.
LEONARDO ES ASIDUO A LA LECTURA, ASI COMO AFICIONADO A LA BEBIDA. DESDE NIÑO HA LEIDO TODO LO QUE HA CAIDO EN SUS MANOS. AHORA, EN ESTE MOMENTO, SE ENCUENTRA FRENTE A UN LIBRO; EL NO CONOCE SU CONTENIDO, NUNCA HA LEIDO LA BIBLIA; OBSERVA AQUEL LIBRO; TIENE PASTA NEGRA Y TIENE BASTANTES PÁGINAS; PIENSA PARA SI QUE PASARÁ ALGÚN TIEMPO OCUPADO EN LA LECTURA DE AQUEL LIBRO. PASAN ALGUNOS MINUTOS ANTES DE QUE SE DECIDA A ABRIR AQUEL LIBRO. POR FIN SE DECIDE A HACERLO. BUSCA EL PRIMER CAPÍTULO E INICIA LA LECTURA. UNICAMENTE LEE UN VERSICULO, EL PRIMERO: "EN EL PRINCIPIO CREO DIOS LOS CIELOS Y LA TIERRA". NO LEYÓ MAS; ESA FRASE LE CHOCÓ. DEJÓ ESCAPAR UN ¡BAH!, TOMÓ UN TRAGO DE CERVEZA Y ARROJÓ CON DESAGRADO LA BIBLIA SOBRE LA MESA. LEONARDO NO CREIA EN DIOS; SUS AMIGOS Y MAESTROS LE HABIAN DICHO QUE DIOS NO EXISTÍA, Y ÉL LES CREÍA, SIEMPRE CREYÓ QUE LOS MAESTROS SABIAN MUCHO Y NO TENÍA POR QUÉ DUDAR DE ELLOS; SUS AMIGOS NO SABÍAN TANTO COMO LOS MAESTROS, PERO TAMBIEN LES CREÍA. ELLOS LE DECIAN: "DIOS NO EXISTE, ES SOLO UN CUENTO, ES UNA IDEA TONTA DE GENTE IGNORANTE; DIOS ES UN MITO, MUCHOS CREEN EN ÉL, SOLO PARA TENER A QUIEN ECHARLE LA CULPA DE SUS PROBLEMAS Y MALES". TAMBIEN HABIA ESCUCHADO AQUELLA FRASE: "LA RELIGIÓN ES EL OPIO DEL PUEBLO". LEONARDO TILDABA DE TONTOS E IGNORANTES A TODOS AQUELLOS QUE CREIAN EN DIOS O PRACTICABAN ALGUNA RELIGION. PARA NUESTRO AMIGO, DIOS O LA RELIGIÓN NO ERAN DE MOMENTO ASUNTOS QUE MERECIERAN ESTAR EN SUS PENSAMIENTOS. SI LE HABLABAN DEL INFIERNO, EL DECÍA: "¿QUIEN HA IDO ALLÁ, Y HA REGRESADO?" SI LE DECÍAN: "DIOS ES REAL, EXISTE", EL DECÍA: "¿CUANDO LO VISTE?, PRESÉNTAMELO. SE BURLABA DE TODO LO QUE OLIERA A RELIGIÓN Y SUPERSTICIÓN.
ESE DOMINGO, DE CUALQUIER MES, DE CUALQUIER AÑO; EN CUALQUIER POLVOSA CIUDAD DE CUALQUIER PARTE DEL PLANETA, LEONARDO SIGUIÓ BEBIENDO CERVEZA, DURANTE TODA LA TARDE FRENTE AQUEL GRUESO LIBRO DE PASTAS NEGRAS LLAMADO BIBLIA COLOCADO SOBRE AQUELLA MESA.
CASI ANOCHECÍA CUANDO PIDIÓ LA CUENTA. LA MUJER QUE LE TRAJO LA CUENTA, AL VER AQUEL LIBRO SOBRE LA MESA, LE PREGUNTÓ: ¿ESO ES UNA BIBLIA? EL JOVEN RESPONDIÓ: CREO QUE SI, SI LA QUIERES, TE LA REGALO. LA MUJER LA TOMÓ, Y DIJO ¡GRACIAS!.
LEONARDO SALIO DE AQUEL LUGAR. CAMINÓ SOBRE LAS POLVOSAS CALLES DE AQUELLA INCIPIENTE CIUDAD Y REGRESÓ A SU VIVIENDA, A DORMIR, AL OTRO DIA IRÍA AL TRABAJO. NUNCA LE QUITÓ EL SUEÑO HABER REGALADO UNA BIBLIA QUE NO LE PERTENECÍA.