Vivencias del caminar con Dios de personajes bíblicos y de la actualidad, asi como la comprensión que tienen acerca de Dios y su trato con los seres humanos.
martes, 9 de febrero de 2010
TERCERA LLAMADA
Tercera llamada. Casi puedo asegurar que en esta ocasión también era domingo. Un domingo de cualquier mes, de cualquier año; en cualquier pueblo de cualquier ciudad, de cualquier país de este planeta. Leonardo está solo en aquella vivienda; ya no está en la mina en la montaña; ahora se encuentra en un pueblo diferente; aquí hay muchos jardines cubiertos de plantas llenas de flores; los habitantes del lugar se dedican a la producción y venta de plantas de ornato. Este día sus familiares han ido a la ciudad a comprar víveres; nuestro amigo se entretiene contemplando unas vacas y unos borregos que mordisquean la grama en un pastizal que se encuentra frente a la vivienda. Hastiado de mirar aquel espectáculo, se introduce a la vivienda. De pronto ha sentido una necesidad de leer algo; ya dijimos antes que nuestro amigo, desde niño ha sido muy aficionado a la lectura. Empieza a buscar por toda aquella vivienda algo que leer; encuentra historietas, fotonovelas, libros que los niños utilizan en la escuela, pero ya todo lo ha leído. No se da por vencido y sigue buscando. En una cesta encuentra un libro con portada roja que está seguro que no ha visto antes. Lo levanta, lo mira, lo abre y lee el titulo: “EL NUEVO TESTAMENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO”. Una mueca de disgusto se dibuja en su rostro. Como ya hemos dicho, detesta todo aquello que huela a religión, y para él, al menos en este momento de su vida, Jesucristo es un mito. Coloca el libro nuevamente dentro de la cesta; sale de la vivienda, y sigue mirando a las vacas y borregos comer pasto.Pasan algunos días y nuevamente vuelve a sentir una gran necesidad de leer; va y toma aquel libro que aun se encuentra dentro de la cesta. Lo toma. Lo abre en el primer capítulo del Evangelio según San Mateo y empieza a leer: “Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Solamente lee hasta el versículo 17 y dice para sus adentros: “¡Uf! Esto está bien aburrido”, y vuelve a dejar el libro en la canasta.Algunos días después vuelve a experimentar unas ansias tremendas por leer; va otra vez a la canasta, toma aquel libro, lo abre, y con resignación, dice: “¡Bueno, aunque sea esto voy a leer!”.En muy poco tiempo lee los cuatro evangelios, el libro de Hechos de los Apóstoles y las tres primeras cartas de San Pablo. No está acostumbrado a este tipo de lectura, por lo que en un momento de la lectura, exclama: “¡No le entiendo nada!”, pero a pesar de no entender nada, sigue leyendo:“Y MANIFIESTAS SON LAS OBRAS DE LA CARNE,QUE SON: ADULTERIO, FORNICACIÓN,INMUNDICIA, DISOLUCION, IDOLATRIA,HECHICERÍAS, ENEMISTADES, PLEITOS,CELOS, IRAS, CONTIENDAS, DISENSIONES,HEREJÍAS, ENVIDIAS, HOMICIDIOS,BORRACHERAS, BANQUETEOS, Y COSASSEMEJANTES A ESTAS: DE LAS CUALESOS DENUNCIO, COMO YO OS HE ANUNCIADO,QUE LOS QUE HACEN TALES COSAS,NO HEREDARÁN EL REINO DE DIOS”.Gálatas 5:19-21. Esto sacudió a Leonardo. La palabra BORRACHERAS se agigantó ante sus ojos y sus pensamientos se remontaron varias semanas atrás, hasta el día en que sufrió el accidente en la mina. Recordó que él y Juan estaban muy borrachos (el Juan que mencionamos aquí no es el mismo que acompañó a Leonardo al templo). De algún lugar, Juan sacó un cartucho de dinamita y lo encendió. Al ver su acción, Leonardo le urgió: “¡Tira eso, nos vas a matar!”; acto seguido tomó el cartucho de la mano de su amigo; Dobló la mano hacia atrás para arrojarlo pero en ese instante el cartucho explotó, destrozando completamente su mano derecha. Las aves que ya se encontraban durmiendo en las copas de los árboles, salieron volando en todas direcciones. El eco se extendió por la cañada. El ambiente se llenó de olor a pólvora y sangre. Leonardo fue llevado al hospital, aun recuerda aquella noche: los médicos solamente lavaron, desinfectaron y suturaron la herida, ya no fue posible hacer otra cosa; y como la anestesia no le hizo efecto, cada vez que clavaban la aguja en la carne, nuestro amigo sufría los mas terribles dolores que jamás había experimentado. Esa misma noche, en el cuarto en que se encontraba, internaron a otro paciente; éste había recibido un fuerte golpe en la cabeza y había quedado afectado temporalmente de sus facultades mentales y hablaba incoherencias, mencionaba algunos nombres y a gritos pedía su pulque. Esa noche, Leonardo no pudo dormir; cada rato entraba la enfermera a aplicarle medicamento, además le preocupaba que aquel paciente “loco”, se soltara de sus amarras (pues lo habían amarrado a la cama), y fuera a golpearlo. Además, no habría podido dormir, el dolor era insoportable. Recordó que, era tanto el dolor que sentía que en su desesperación gritó: “¡Dios, si existes, quítame este dolor!” Aquí detuvo sus recuerdos y clavó nuevamente la mirada en aquellos versículos del Nuevo Testamento que acababa de leer. Se veía reflejado en esa Escritura. Muchas de los actos que se mencionaban en esos versículos, él los había realizado. Esa Escritura lo había tocado y nuevamente su mente se llenó de recuerdos. Recordó en cuantas situaciones desagradables había estado por causa de su alcoholismo. Recordó las maldades que había hecho a otras personas: había mentido, había golpeado, había tomado lo que no le pertenecía, había sido desleal con los que lo estimaban, había mostrado desprecio por su propia vida y por la vida de los demás…Cerró aquel libro rojo, y estuvo toda la tarde reflexionando en la vida que había llevado hasta entonces, y pensando en las palabras que había leído en ese libro. Algo había cambiado en su interior, se sentía inquieto por lo que había leído. Después de la cena señalando el libro, preguntó: “Tía, ¿Quién le regaló este libro? Le dieron la información que pedía y se fue a dormir. Esta fue la tercera vez que este jóven descreído tuvo contacto con la Palabra de Dios, y esta tercera vez, algo cambió en su corazón.
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