EL INICIO DE UNA NUEVA VIDA. No, hoy no es domingo, hoy es jueves. Los jardines en esta época del año en aquel pequeño pueblito, se encuentran cubiertos de flores; abundan las azaleas y las camelias; también hay arrayanes y otras plantas que Leonardo no conoce. Otra vez encontramos a Leonardo en el interior de un templo. Esta vez fue acompañado por una de sus primas. El lugar es muy pequeño, hay solamente tres bancas y la concurrencia es de siete u ocho personas. Entre esas personas se encuentra un varón llamado Pedro. Fue él quien obsequió a la tía de Leonardo, el Nuevo testamento que éste leyó. Pedro es campesino, y la tarde que Leonardo lo conoció, regresaba del trabajo; colgando del hombro traía un morral en donde transporta su comida, además de su Biblia. En esa primera entrevista Pedro invitó a Leonardo a asistir al templo. Nuestro joven amigo aceptó con gusto la invitación, pues sentía en su interior un gran deseo de saber más de aquellas cosas que había leído en aquel libro de pastas rojas que encontró en una canasta en la casa de su tía. Ahora ya se encuentra en el interior de este pequeño templo. Pedro es quien dirige a la congregación en unos cantos. “Yo tengo un amigo que me ama”, “Sólo Dios hace al hombre feliz”, “Una linda canción”, “Por mi murió el Salvador” y “Si del pecado anhelas el perdón”, fueron algunos de los cantos que en esa ocasión escuchó Leonardo. Después de cantar y hacer oración, Pedro cedió el lugar a un varón llamado Ophir, quien leyó en la Biblia acerca de un joven que recibió de su padre la parte de la herencia que le tocaba, la cual malgastó viviendo una vida licenciosa en una provincia lejana en donde hubo una gran escasez de alimentos; situación que llevó a este joven descarriado a padecer hambre, al grado tal que aun deseaba comer alimento para cerdos pero nadie se lo daba. Al verse en tales condiciones, el joven de la historia contada por Ophir se acordó que en la casa de su padre había muchos alimentos y decidió regresar allá. Cuando regresó a casa, su padre lo estaba esperando; cuando lo vio llegar por el camino, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó y ordenó a sus criados que lo vistieran con la mejor ropa, que mataran el becerro mas gordo y que hicieran una fiesta, porque el hijo que hoy tenía en sus brazos, ya lo consideraba muerto. Ophir concluyó su historia diciendo que el hombre lejos de Dios siempre experimentará una gran necesidad pero que Dios está dispuesto a recibirlo y a perdonarlo siempre y cuando éste esté dispuesto a volver. (Mas tarde Leonardo comprendió que el predicador le estaba hablando directamente a él, a fin de que se volviera a Dios).
Después del culto, todos los asistentes fueron invitados a pasar a una pequeña vivienda al lado del templo; los de la casa sirvieron café y una rebanada de pan a cada uno de los asistentes. Bebiendo su café en silencio, Leonardo se dedicó a observar a aquella gente: charlaban, reían y se veían felices. A nuestro amigo le sorprendió que no necesitaran bebidas embriagantes para estar alegres. Nuestro amigo asistió dos o tres veces más a esas reuniones cristianas, antes de regresar a la polvorienta ciudad en donde residía y en donde meses atrás por primera vez tuvo un encuentro con la Biblia, a la cual rechazó. Ya estaba nuevamente ahí, en esa ciudad cuyas calles lo vieron pasar de la adolescencia a la juventud; calles en donde habían edificado nuevas casas, pero que después de todo era la misma ciudad. La ciudad era la misma, pero Leonardo ya no era el mismo; desde que leyó el Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo, algo cambió en su interior. Dejó de blasfemar a Dios, dejó de aborrecer a quienes le hablaban de Dios, dejó de embriagarse, dejó de odiar a los demás, dejó de odiarse a si mismo; ahora sentía que amaba a Dios y su confianza en El iba creciendo cada día; empezó a escuchar predicaciones del evangelio en la radio y a asistir a una iglesia. Algunos meses mas tarde fue bautizado en la fe evangélica. Hoy en día, Leonardo vive en la misma ciudad en donde aun pueden encontrarse calles polvorientas, en donde aun se pueden encontrar jóvenes desorientados, solos, tristes y acomplejados; a algunos de ellos, pues no todos aceptan, nuestro amigo les obsequia, nuevos testamentos, evangelios o literatura cristiana con la esperanza de que al leer la Palabra de Dios, reciban por la fe en Cristo un nacimiento espiritual y puedan librarse de la misma manera que él, de muchas aflicciones que se padecen estando alejados de Dios. Leonardo recuerda a algunos de sus amigos, que por ignorar las advertencias de la Palabra de Dios, siguieron su vida de vicio y perversión y terminaron sus días antes de tiempo, o terminaron en la cárcel o en alguna institución para enfermos mentales. Algunas veces, Leonardo comenta con sus amigos: “Si hubiera entendido que Dios me estaba llamando a tener comunión con El cuando aquel domingo puso la Bíblia en mis manos y la hubiera leído y puesto en práctica sus enseñanzas y si en lugar de burlarme y salir rápidamente de aquel templo en donde me estuve burlando, hubiera aceptado a Jesucristo como mi salvador, con toda seguridad no habría tenido el accidente en donde perdí la mano” La historia que has terminado de leer es verídica solo cambiamos el nombre del personaje principal para que nadie se sienta aludido. Estoy seguro que esta misma historia se repite muchas veces en varias partes del mundo, ya que en todas partes, sin importar lengua, raza, color, nivel académico o posición social, se encuentran hombres y mujeres que dicen “no hay Dios”, y rechazan una y otra vez el llamado que Dios les hace para volverse a Él, y sufren daños morales, físicos y espirituales debido a su testarudez. Si acaso alguien ha puesto una Biblia en tus manos, no es casualidad, es Dios quien te esta llamando de esa manera y quiere que la leas para que conozcas el grande amor que Él tiene por ti. Si alguien te ha hecho una invitación a algún templo para escuchar la Palabra de Dios, tampoco es casualidad, es Él quien te llama a escuchar todo lo que ha hecho, hace y quiere hacer por ti; o si acaso sientes en tu corazón el deseo de saber mas de Dios, no te detengas, escucha el clamor de tu propio corazón y busca pronto a tu Creador. Ya no niegues a Dios, no por negarlo dejará de existir; acepta su llamado. Dios te quiere perdonar, quiere recibirte como su hijo, quiere tener comunión contigo, quiere que tengas paz y gozo en tu corazón, quiere que entres a su reino celestial. No te niegues la oportunidad de ser realmente feliz. Con Dios ya no necesitarás drogas ni alcohol para ser feliz. Toda actitud o conducta negativa apartará de ti, a fin de que puedas experimentar una vida plena de gozo y paz. Dios te bendiga por leerme. Reflexiona seriamente en lo que te digo; no tienes nada que perder y si mucho que ganar. Dios te bendiga. Te amo en Cristo.
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